PEDRO LABORIA

UN ESCULTOR SANLUQUEÑO EN EL VIRREINATO DE NUEVA GRANADA


© José Carlos García Rodríguez


Santa Bárbara (Pedro Laboria)


Con el desarrollo de las ciudades que surgieron en el Nuevo Mundo tras la colonización española del continente americano, se inicia una gran demanda de arquitectos, pintores, escultores, retablistas y orfebres que eran necesarios para contribuir a la realización de los numerosos proyectos de erección de suntuosas iglesias, catedrales, conventos y sedes religiosas. Uno de los artistas que atienden esta llamada es Pedro Laboria, un escultor nacido en Sanlúcar de Barrameda hacia el año 1700. Laboria, establecido de forma definitiva en Santa Fe de Bogotá, contribuyó a aumentar la influencia de la escultura andaluza en el Virreinato de Nueva Granada, llegándose a situar como el más importante entre los escultores de la época colonial española de Colombia.

Éxtasis de San Ignacio - Iglesia de San Ignacio (Bogotá)
Cuando, en 1738, Pedro Laboria llega a América, está a punto de ser restaurado por Felipe V el Virreinato de Nueva Granada, suspendido unos años antes por problemas de tipo financiero. Santa Fe de Bogotá, capital del Virreinato y ciudad en la que se establece Laboria, es por aquellos años uno de los más importantes centros administrativos de las posesiones españolas en el Nuevo Mundo. El escultor, quien había sido recomendado por los jesuitas de Sanlúcar, entra al servicio de la Compañía de Jesús bogotana, empeñada entonces en la revitalización del templo de San Ignacio. Esta iglesia, construida por el arquitecto jesuita italiano Juan Bautista Coluccini, quien se había inspirado en los planos de la iglesia del Gesú en Roma, fue descrita por Sebastán Hazañero, a su terminación, como “uno de los mejores templos que las Indias tienen”. La histórica iglesia de San Ignacio, primer templo levantado por los jesuitas de Nueva Granada, formaba parte del extenso conjunto en el que se integraban el Colegio Máximo o Seminario Mayor de San Bartolomé y el edificio de Las Aulas, hoy destinado a acoger el Museo de Arte Colonial.

Grupo escultórico del Santuario de la Virgen de la Peña.
Entre las obras que Pedro Laboria realiza para el templo de San Ignacio de Bogotá se encuentra uno de los grupos escultóricos más importantes y ambiciosos del artista sanluqueño -quizá su obra maestra-, situado en una capilla a la izquierda del altar mayor. Se trata de El éxtasis de San Ignacio, un relieve minucioso y realista, fechado en 1749, en el que se aprecian unos notables efectos tridimensionales e ilusionistas. El trabajo, de grandes dimensiones y tallado en madera, fue inspirado por un cuadro del gran pintor colonial colombiano Gregorio Vázquez de Arce. Esta obra de Laboira, muy influenciada por el arte barroco europeo, representa en dos planos superpuestos -el terrestre y el celestial- el trance místico que experimentó el fundador de la orden jesuítica en el hospital de Manresa donde Dios le reveló el futuro de la Compañía de Jesús. Otras esculturas realizadas por Laboria para esta misma iglesia de San Ignacio son un San Francisco de Borja, San Francisco Javier moribundo, San Alfonso Rodríguez y dos tallas de San Ignacio de Loyola, una situada en el altar mayor y la otra en la sacristía.

Laboria, el mejor escultor de la etapa colonial de Colombia

Gracias al espléndido resultado artístico de la labor realizada para los jesuitas de Bogotá, Pedro Laboria fue acrentando su prestigio en Nueva Granada, surgiéndole nuevos encargos para diversas iglesias de la capital del Virreinato. Así para el templo de San Juan de Dios esculpe un magnífico San Francisco de Paula, considerado entre lo mejor de su producción, una escultura de San José con el Niño y dos estatuillas de Santa Teresa de Jesús. Para la Catedral Primada realiza el Juan Nepomuceno que se venera en el altar consagrado a este santo y las esculturas de San José, San Joaquín y Santa Ana. Otras obras van destinadas al colegio jesuita de San Bartolomé (San Joaquín y Santa Ana), a la iglesia de San Francisco (estatua policromada de San Joaquín) y a la iglesia de Santo Domingo (San Joaquín y Santa Ana). Para el templo de San Ignacio de Tunja, actual capital del departamento colombiano de Boyacá, Laboria realiza un precioso San Antonio con el Niño en madera policromada y esgrafiada en oro con hojas de roble.

San Joaquín con la Virgen Niña
(Museo de Arte Colonial de Bogotá)
Una obra fundamental en el catálogo del escultor sanluqueño es su Santa Bárbara, destinada a la iglesia de su mismo nombre en Bogotá. Esta dramática escultura en madera tallada y estofada fue realizada a petición de los hermanos de la cofradía de la santa y sus devotos quienes estaban disgustados por no contar con una efigie de suficiente categoría artística, ya que el retablo que había en aquella iglesia, obra de Antonio de Acero, estaba considerado de escaso valor. Para realizar aquella obra, Laboria se inspiró en el cuerpo y el rostro de dos cuadros de Santa Bárbara, obras de Baltasar de Vargas Figueroa quien contó con una modelo que posó para aquellas pinturas. Prueba de la categoría artística de esta escultura de Pedro Laboria fue su inclusión como la obra más destacada en la exposición itinerante Revelaciones: las artes de América Latina 1492-1820 que hace unos años pasó por Filadelfia, Los Ángeles y México D.F.


Niño Jesús
(Museo de Arte Colonial - Bogotá)
Por la importancia religiosa y sentimental del lugar, hemos de hacer mención de los retoques que Pedro Laboria realizó en 1740 para perfeccionar las formas de las imágenes de Jesús, José, María y un ángel custodio, todas ellas talladas en un sólo bloque de piedra, que se veneran en el Santuario Mariano Nacional de Nuestra Señora de la Peña, situado en las montañas al oriente de la ciudad de Bogotá. Relata la leyenda que el grupo de imágenes, apenas insinuadas, fue encontrado en una roca del escarpado enclave, de muy difícil acceso, por el joven joyero Bernardino de León en 1685, originando aquel lugar atractivas leyendas y una gran devoción. Años más tarde, en 1716, ante el creciente número de peregrinos que se aventuraban a acudir a aquel lugar, aun a riesgo de su integridad física, las imágenes fueron desprendidas de la roca y bajadas al santuario donde el maestro cantero Luis Herrera afinó la burda talla primitiva que perfeccionaría Laboria.

Obras de Laboria en el Museo de Arte Colonial de Bogotá

Junto a la iglesia de San Ignacio donde trabajara Laboria para los jesuitas bogotanos se encuenta, como dijimos, el edificio Las Aulas, destinado desde 1942 a acoger el Museo de Arte Colonial cuyos fondos cuentan con diversas obras de Pedro de Laboria. Entre ellas son de destacar un San Francisco, un Niño Jesús y, muy especialmente, un San Joaquín con la Virgen Niña. En todas ellas se aprecia la técnica empleada por el escultor, mostrando su preferencia por el uso del estofado brillante que ha sido relacionado con ejemplos orientales, y el encarnado semimate que el artista reserva a rostros y manos. También se observan en estas composiciones las posturas inestables y, hasta cierto punto forzadas, que son características en muchas de las obras del artista sanluqueño.

De la talla de San Joaquín con la Virgen Niña que realizara Laboria para las Carmelitas Descalzas de Bogotá, nos dice la historiadora del arte colombiano Marta Fajardo de Rueda en su obra Tesoros artísticos del Convento de las Carmelitas Descalzas de Santa Fe de Bogotá:

La obra fue vendida al Museo de Arte Colonial y desde entonces los historiadores de arte a través de todo el siglo XX identificaron a esta pareja como a San Joaquín y su pequeña hija en actitud de baile. Confundían así las actitudes de estos personajes con pasos de baile, cuando se trata, por una parte, de una pervivencia barroca en el estilo de Laboria, la cual consiste en dotar a sus imágenes de un elegante movimiento que hace ondear sus vestiduras y, por otra, lo que hace el padre con su hija es enseñarle a leer, ya que sontenían un libro en el que la niña posaba delicadamente su mano derecha al parecer siguiendo los renglones. Infortunadamente el descuido o la codicia, tan frecuentes en nuestro país, arrancaron de las rodillas de San Joaquín el librito que como claramente se observa, resulta una pieza clave para la adecuada lectura de la escena.

Antes de su partida a América, donde en pleno siglo XVIII logró restablecer la que había sido permanente influencia artística andaluza desde el Descubrimiento, Pedro Laboria trabajó en su tierra natal realizando esculturas e imágenes para iglesias y cofradías de diversas localidades gaditanas. La obra más representativa de esta primera época del escultor es la imagen de San Bruno que preside el pequeño patio que antecede a la hospedería de La Cartuja de Santa María de la Defensión de Jerez. Aunque se desconoce la fecha exacta del fallecimiento de Laboria, casi todos los escasos datos biográficos sobre este artista la fijan en la ciudad de Bogotá hacia el año 1770.

BIBLIOGRAFIA:

-Luis Alberto Acuña: Ensayo sobre el florecimiento de la Escultura Religiosa en Santa Fé de Bogotá, en: Iniciación de una Guía de Arte Colombiano, publicada por la Academia Nacional de Bellas Artes. Bogotá, 1934.
-Luis Alberto Acuña: Fichas para la historia del arte en Colombia. Pedro Laboria, el barroco que canta. Lecturas Dominicales de "El Tiempo", Bogotá, abril 26 de 1964.
-Ricardo Struve Haker: El Santuario de Nuestra Señora de la Peña. Imprenta Nacional de Colombia. Bogotá, 1955.




ARTÍCULO PUBLICADO EN REVISTA CIRQULO
Primavera de 2017