MANUEL HERMOSILLA Y LLANERA










 © José Carlos García Rodríguez




Con motivo del fallecimiento de Manuel Hermosilla, la revista taurina “La Lidia” recordaba al matador sanluqueño en su edición del 28 de enero de 1918: “Hermosilla, uno de los pocos que quedaban como representante genuino del toreo de ayer, de la llamada 'época de oro' del toreo, ha desaparecido; se fué; murió. Manuel Hermosilla y Llanera ha muerto en Sanlúcar de Barrameda, a los setenta y un años”. Como notas más destacadas de la personalidad torera de Hermosilla comentaba el semanario taurino madrileño: “Hermosilla, con Paco Frascuelo, Gordito, y algunos más, pocos, muy pocos, representaba el toreo de hierro, concienzudo, madurado, en el que la lucha tenaz sostenida era, pese a su sencillez, más reñida y sañuda que hoy y en la que el galardón de la borla doctoral era premio a la perseverancia. Sin campo para las fantasías y fliligranas artísticas que privan hoy, teniendo que luchar con enemigos poco 'manejables' el toreo, más que arte, era ciencia; más que juego de brazos, requería fortaleza de piernas; antes que agilidad de inventiva, fortaleza de corazón”.


Nacido en Sanlúcar el 14 de enero de 1844, Manuel Hermosilla y Llanera, quien en sus años jóvenes anduvo ocupado en el oficio de medidor de granos, mostró bien pronto su afición acudiendo a capeas y tentaderos para dar a conocer sus buenas condiciones para el toreo. Empeñado pese a la oposición paterna en hacer carrera dentro de la tauromaquia y empujado por su espíritu aventurero, el joven Hermosilla decide alejarse de España y poner rumbo a América, embarcando para La Habana el 30 de abril de 1867. En la capital cubana ejerció como banderillero a las órdenes del gaditano José Ponce quien también le llevó a Méjico donde Hermosilla llegó a actuar como espada hasta en una docena de festejos en la plaza de toros de Veracruz. En tierras mejicanas aprendió el diestro sanluqueño a enlazar y derribar toros salvajes a caballo y en campo libre, una actividad que llegaría a practicar con una precisión envidiable.

Después de Méjico donde permaneció durante una larga temporada, Hermosilla pasaría por Lima y Montevideo toreando junto a Julián Casas y Gonzalo Mora antes de dar por concluido este primer periplo americano, regresando a España en 1873. A lo largo de su vida activa como matador de toros Manuel Hermosilla solía viajar todos los inviernos a América, paseando su arte taurino por los más renombrados cosos del Nuevo Mundo donde llegaría a alcanzar una fama equiparable e incluso superior a la que gozó en España.

Al regresar de su primer viaje a ultramar Manuel Hermosilla toma la alternativa en la corrida que se celebra el 25 de junio de 1873 en la plaza de toros de El Puerto de Santa María siendo su padrino Manuel Domínguez quien le cede la muerte de un toro de Vicente Romero. Aquel año Hermosilla torea varias corridas más antes de dar por terminada la temporada española y volver a América. 

Hermosilla en la portada de la
revista taurina "El Arte de los
Toros"

Al año siguiente Hermosilla confirma su alternativa en la vieja plaza de toros de Madrid el 12 de julio de 1874, siendo apadrinado por Rafael Molina “Lagartijo”. A partir de entonces el nombre del diestro sanluqueño aparece en los carteles de las más importantes plazas españolas junto a los espadas de mayor fama, permaneciendo activo hasta los 63 años, edad con la que actuó como matador por última vez en la plaza de El Puerto de Santa María el 26 de junio de 1910. En aquella postrera corrida en la que intervino Hermosilla se lidiaron seis toros de Rafael Surga, alternando con Diego Rodas “Morenito de Algeciras” y Antonio Moreno “Moreno de Alcalá”. Cuentan que Manuel Hermosilla estuvo aquel día especialmente valiente, siendo “Cortito” el nombre del último toro que lidió. A su retirada, después de treinta y siete años en activo como matador de toros, Hermosilla pasaba a ocupar el primer lugar entre los toreros de más dilatada vida profesional. “Como torero -contaba el famoso crítico taurino José Rivero “Don Parando”- Hermosilla fue un buen compañero y como particular un hombre muy serio, formal y esclavo de su palabra hasta la exageración”.

Como dato anecdótico debemos reseñar que el 26 de septiembre de 1874 Manuel Hermosilla fue el primer diestro en ser atendido por una cogida en la enfermería de la Plaza de Toros de Goya que había sido inaugurada el día 4 de aquel mismo mes y año en el lugar que hoy ocupa el Palacio de los Deportes madrileño. Y otra anécdota más: en 1908 la empresa de Madrid organizó una corrida con reses de la ganadería salmantina de Juan M. Sánchez Carreros con un cartel en el que aparecían como espadas José Lara Jiménez “Chicorro”, Ángel Fernández Pérez “Valdemoro” y Manuel Hermosilla y Llanera. Pero aquella corrida no llegaría a celebrarse ya que el gobernador civil no la permitió alegando que los tres maestros superaban los 60 años de edad. “Chicorro” contaba nada menos que con 69 años, “Valdemoro” con 68 y Hermosilla con 61 años.

Hermosilla estoqueando un
toro a los 60 años

De Manuel Hermosilla, quien pasaba entre sus conocidos por ser muy gracioso, se cuenta que se había alejado de la plaza de Madrid porque estaba bastante harto de que un sector de público muy intransigente le abucheara en cada una de sus actuaciones. Al pasar los años Hermosilla se decidió a volver a la capital de España, aunque sin estar completamente convencido de haber hecho bien al aceptar los nuevos contratos. Temeroso de lo que podía pasar, consultó a un amigo quien le respondió: “No tienes nada en absoluto que temer. Ya ha pasado mucho tiempo y todos aquellos almas mías se han muerto”. Hermosilla, después de hacer el paseillo en la primera de las corridas y comprobar que el público, al igual que antaño, le volvía a mostrar su desagrado a gritos, le entregó el capote de paseo a su amigo y le dijo: “¿Conque s'habían muerto? ¡Pa mí que estaban preñaos... y han parido!”.


Manuel Hermosilla formó parte como síndico en la junta directiva que se constituyó en Sanlúcar en 1895 bajo la presidencia efectiva de Ramón Larraz con objeto de llevar a cabo la construcción de una plaza de toros y en cuya inauguración oficial, el 15 de julio de 1900, toreó en un mano a mano, aunque poco lucido según se lee en las crónicas taurinas de la época, con Emilio Torres “Bombita” ya que el tercer diestro anunciado en el cartel, José García Rodríguez “El Algabeño”, no pudo comparecer al encontrarse lesionado por haber resultado cogido en un anterior festejo.

Retirado en Sanlúcar donde vivió sus últimos años, Manuel Hermosilla y Llanera falleció en su finca "Villa Colombia" en el Pago de Santa Brígida el día 19 de enero de 1918 a los 74 años recién cumplidos.

"SANLÚCAR INFORMACIÓN", 26 de marzo de 2021